miércoles 8 de julio de 2009

Psicoanálisis - Sobre la desilusión

Estimados:

"Uno de los primeros desengaños que sufre un niño consiste en descubrir que, en verdad, "La historia sin fin" dura algo así como ochenta minutos."

Atte, Dr. Sigmun Froid

lunes 6 de julio de 2009

La vida es así y asá




George Harrison - Give Me Love






Estaba buscando unas fotos en la computadora y encontré, por casualidad, las fotos de un viaje realizado con mis amigos hace un año y medio a la juvenil metrópoli de Gualeguay two. En ella se veía un grupo de señoritas en abigarrado montón, posando para la ocasional cámara de un muchacho en plan de vacaciones que las retrataba. En el fondo se ven algunas caras más, un poco oscuras, de los chicos que andaban por ahí pasando cuando sacaron la foto. No conozco a las chicas, pero reconozco el lugar, es la casa que alquilamos ese fin de semana con mis amigos.
Enseguida tengo que aclarar que en verdad conozco a una de las chicas de la foto, aunque en ese momento no l conocía. Es la novia de un amigo, uno de los que aparece pasando detrás en la foto que les cuento, y ahora además es su futura esposa, según me comentaron los dos el fin de semana pasado.
La historia es bien simple; se conocieron esa misma noche, creo que primero por la calle o en la playa, o ahí mismo en la fiesta que hicimos en la casa, porque otro amigo mío andaba con una chica de ese grupo. Esta historia no prosperó más allá de esa misma noche, pero permitió el encuentro entre los dos de la foto, que más tarde, ya en buenosaires empezaron a salir, y un año y medio después vinieron y nos dijeron que iban a casar en febrero.
Pero esa noche, cuando sacaron esa foto, todavía no se conocían. O tal vez sí, estoy exagerando. Tal vez se habían saludado, tal vez se habían visto. Es probable que mi memoria falle y tal vez ya hubieran hablado un rato largo o se hubieran besado. Pero nada más. Y tal vez nada.
Están ahí, parados a dos metros de distancia y no saben. Está él, charlando con algún otro que no distingo, y delante ella, con unas amigas que jamás volvimos a ver, sonriendo en la foto y ninguno de los dos lo sabe.
Ninguno sospecha siquiera que ahí nomás, pasando a toda velocidad por la vida, está una persona que le va a cambiar la vida para siempre. Se ríen, cada uno en su tema, y me doy cuenta que no lo saben, que no advierten que los astros ya se han alineado para que miles de millones de años de evolución, de desastres naturales y cambios climáticos, de dinosaurios y meteoritos, de países y guerras y hombres y mujeres, para que miles de millones de años de movimientos los unan esa noche, a la misma hora, en el mismo lugar, con ganas de hablarse un rato.


domingo 5 de julio de 2009

Lo dicen los astros

Libra

"Sufrirás las consecuencias de incompetencias ajenas. Que esto te sirva de lección para ser más cuidadoso con tus amistades."


Cuando sea grande de vuelta quiero ser horoscopista. Es un trabajo ideal.

martes 30 de junio de 2009

No entender

No entender es mucho más grande que entender.
No entender es un pozo sin fondo, es una caída libre, es una biblioteca llena de telarañas donde no llegan los arqueros. Es un ascensor detenido con los luces apagadas, es perder las llaves de casa, es un plano de evacuación para salir de la cama todas las mañanas.

Entender, en cambio, es tan insípido como el folleto explicativo de un termómetro.

Lo peor de la rumba

si fuera un pez sería un delfín
si fuera un pájaro sería supermán
si fuera un lobo sería otra cosa
si fuera un héroe griego sería evomorales

viernes 26 de junio de 2009

Fabula

Marisol tejía pañuelos color de melo para mantener su familia tipo motor 1.6 con todos los patitos en fila. Los hacía de lana de oveja telch y agujas de catedral, los bordaba con la bordeadora, y los llevaba a la plaza para venderlos.
El problema es que eran de lana, y encima, demasiado largos. Digamos que eran más que nada bufandas.
Marisol destejía de día y tejía de noche, para llevar la contra. Y nunca vendía.

Pero un día llegó el doctor, manejando un ciclomotor.
Le compró los pañuelos, le entregó un folleto, le prometió asfaltado de arriba abajo y cloacas hasta por las orejas. La invitó a cenar aunque era de mañana, se sacó fotos con sus hijos y le pasó batería con el auto.
Después se fue para nunca más volver.

Ahora Marisol ya no teje ni desteje, ha perdido ese no se qué tan especial que tenía.